ITÁLICA OTRA VEZ

Aquí fue, otrora, la populosa urbe romana.

Aquí los monumentos y la piedra ricamente tallada.

En estos páramos se irguió la ciudad de Itálica,

la mil veces maravillosa, enclave del sur más bello.

Aquí nació la leyenda, donde el azul es infinito

y el ruiseñor rompe el silencio con sus más finas melodías.

En sus calles el verde de la esperanza

y el carmesí de la pasión,

la púrpura de los emperadores

y el albo de las nubes celestes…

poblaron de magia todo lo manifiesto.

De la misma manera

a como se gestó la grandeza de Roma,

inmortal en el recuerdo, ciudad eterna,

así también labraron gloria

y fama imperecedera

los Trajanos y los Adrianos…

El asombro de la hermosura

se repite en el viajero atónito,

por tanto caudal de vida,

y un sonsonete de luz y color inefables

asoma a las pupilas.

¡Aquí fue Itálica!, ¡sabedlo bien!,

la de amplias calles y purísimos cielos;

¡Aquí el temible Anfiteatro!,

¡donde gigantomaquias sin fin

tuvieron su desenlace!

Es la ciudad populosa,

emporio del sur más preclaro,

lugar para la aventura y el poder,

donde se cifraron la audacia y la templanza,

conjuntamente, entre sus habitantes.

Hogaño, viven todos sus recuerdos

entre nosotros, vivos como peces de colores,

como alas indómitas y juguetonas,

como horizontes sin final cierto…

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LOS TIPOS DE TIEMPO

Podemos definir el tiempo subjetivo como el evento—mental o físico—, que capta una persona consciente, y que media entre dos sucesos, sean éstos ideas o hechos fácticos.

Ahora bien, el tiempo puede clasificarse en tres tipos, según abarque más o menos eventos y acontecimientos: 1º) el tiempo periodístico. Es el tiempo de la inmediatez, el del aquí y el ahora, y es efímero e insubstancial. 2º) el tiempo histórico. Es el tiempo de los acontecimientos (entendiendo por acontecimiento aquel evento cuyos efectos se dispersan y derraman en una pluralidad de hechos, personas y tiempos) y 3º) el tiempo geológico. Es el tiempo más mayúsculo, el tiempo de las grandes travesías orbitales planetarias y de los eventos más dilatados en el tiempo.

Pues bien, dicho esto, la filosofía, y hoy en general, en casi todas las personas, se mueven en el tiempo periodístico. Es el tiempo de lo banal, de lo insípido y lo inesencial, de las grandes disputas en un vaso de agua; es el tiempo de la incomprensión, donde se mueven los políticos profesionales cortoplacistas.

Si queremos una filosofía con fundamento, necesitamos emancipar al pensamiento de su instalación en el tiempo periodístico y ubicarlo en todos los tiempos, con plasticidad y soltura, con movilidad y dinamicidad, con ductilidad y recorrido. Si queremos una filosofía con substancia y meollo debemos incardinar al pensamiento en análisis fecundos, puesto que las causas de las cosas, a menudo, trascienden el tiempo periodístico y se colocan en el tiempo histórico.

EL ESTADO POLÍTICO

En la actualidad, el estado es la cúpula estructural que tiene el monopolio de la objetividad política. Antaño, además, cuando no había división entre el poder terrenal y el poder espiritual, el estado poseía el monopolio de la Verdad Absoluta.

Puesto que la emancipación de las distintas capas formales que recubren al estado no son eliminadas del todo con el tiempo, la capa de “Verdad Absoluta” que irrigaba su ser antaño, aún permanece en el modo de la “objetividad”, mutación lógica del desarrollo concreto que han tomado los acontecimientos históricos.

MOZART

Su silencio tenía mucho de reflexión.

Ensimismándose en su música, como un dios,

lograba arrancar notas de una hermosura

tan blanca y tan maravillosa

a los sentidos

que dibujaba mariposas

llenas de flores y fragancias.

En las horas altas de la inspiración

era torbellino terrible, caudal imparable,

fluir de corrientes purísimas…

Un cuerpo cualquiera para un espíritu

sin parangón ni medida, inigualable

en su ser y en su existir.

La poesía de sus más acabadas obras,

eran deleite para las emociones, miel sabrosísima,

palpitar de linfas formidables…

Cuando el músico siente que él mismo

se convierte en expresión de la vida,

y su trabajo genial, como una paloma batiente,

late en lo más hondo del pecho

avivando la existencia

con su piafar de mundos.

El maleficio de su amor sobre la partitura,

la clara voz de sus profundidades

plasmada en el pentagrama,

el enigma incomprensible de su fantasía…

¿Qué abismos, qué final sin fondo,

en su alma auroral? ¿Cuánto vértigo

para los sentidos acostumbrados

a la mediocridad?

Rompiste el canon, supusiste un antes

y un después para el arte, produjiste

una música de amaneceres inefables,

plena en intensidad y dulzura.

Fuiste coloso en tu tiempo,

incomparable rosa del mediodía,

jardín de belleza inagotable,

manantial purísimo de cristal inmarchitable.

Caerá el cielo, y todas las estrellas

se apagarán, y se acabará su luz,

mas tú, oh genio indiscutible,

pervivirás allende las edades del mundo.

Porque estremeciste el mundo

con tu embriaguez; porque tu reino

sí era el de la música más irrepetible;

porque mostraste a la vida

toda su pujanza y rivalizaste

con los centauros del fuego eterno.

AETAS AUREA

Entonces, casi sin darnos cuenta,

imperceptiblemente,

nos fuimos llenando de cadenas.

El hombre se convirtió en un yugo para el hombre,

y las azucenas de antaño devinieron marchitos pétalos.

El mundo era un lugar afable e inocente,

un ámbito para la fraternidad y la amistad.

Pero las sociedades se convirtieron

en cárceles inmensas, en formidables recintos

de opresión y despropósito,

donde los mercaderes de necesidades manipulaban

los deseos y las pasiones de la masa ignara

para acrecentar su imperio despótico de poder.

Las jerarquías se volvieron rígidas,

las prerrogativas de unos a otros inexistentes,

el mérito invisible…

y surgió, entonces, la decadencia profunda:

una inmensa sima de putrefacción

donde los más acababan sepultados.

La ruina agrietaba las paredes del conjunto,

la división, todavía, fragmentaba y atomizaba

a los constituyentes de la farsa.

El precipicio estaba, cada vez, más cercano

y el infierno en vida era un hecho.

Con todo, había fisuras por donde la ilusión

se colaba; era un hecho aún lejano,

pero permitía vislumbrar

algo de decencia

en el ámbito de los hombres.

LIBERTAD DE INDIFERENCIA

Si entendemos libertad como libertad de indiferencia, esto es, capacidad del individuo operante para elegir entre, al menos, dos posibilidades sobre un asunto dado, ni el ignorante supino ni el dios todopoderoso serán libres, puesto que el primero se ve abocado por su desconocimiento a la total inacción; pero es que el segundo de los ejemplos, el divino, también se verá abocado, en virtud de su máxima sabiduría, a tomar el mejor partido de modo necesario. Tan solo un conocimiento finito, es decir, el del ser humano, será propicio para que se le pueda denominar libre en sentido estricto.

EL RUISEÑOR DE MI ALMA

El ruiseñor de mi alma

se niega a anidar

en la jaula del conformismo,

recinto del hábito y la rutina;

no acepta bridas ni frenos,

apatías ni monótonos senderos…

sus alas quieren

horizontes inmensos,

cielos preñados de soles,

su canto melodías diáfanas

que rompan con el destino.

El ruiseñor de mi alma

es alfa y omega de vida,

tiene el ímpetu del torbellino

y puja sobremodo a la negatividad.

No juzga sin conocer,

ni culpabiliza al inocente,

tampoco pretende una complicidad vana y vacía…

anhela convertir lo usual en excelso,

transformando

el crisol dorado del mediodía

en eternidad imposible,

sembrar semillas rumorosas

en el panal melífico del sentimiento,

y dorar los instantes

con el zumo de la vida,

con la primavera del mundo.

De los hipócritas aprendió la amistad sincera,

de los temerarios la retirada a tiempo,

la venerable senectud le enseño la ilusión,

y el entusiasmo, y el buen hacer…

de las mujeres la hermosura,

y de los experimentados

en el arte de la existencia la sabiduría.

El ruiseñor de mi alma

canta al alba, y propaga

su canora cadencia

por el celeste inefable.

Cuando llegue la hora de los ocasos

y su canto se vea interrumpido

abrazará su condición

con dulce aceptación,

con alegre ánimo…

porque la vida

es en todo momento

regalo incomparable,

donde cintilan soles irrepetibles.

A CARLOS CANO

Era preciso domar un corazón tan inmenso,

tan pleno en palomas y ruiseñores rutilando

de melodías irrepetibles.

Se hacía necesaria la brida para un corazón tan de veras,

con un fondo oceánico, donde tenían su imperio pleamares de plata.

Era imprescindible equilibrar semejante desproporción de ánimo,

armonizar sentimientos tan puros y auténticos,

tan de veras.

Porque llegaste y nos embrujaste con los jazmines de tu arte.

Para beberlo era preciso mezcla,

porque la canela de su sabor rebosaba de dulzuras,

desbordaba efervescencias, irradiaba soles.

¿De qué jardines cogiste sus rosas? ¿En qué deleites

te complaciste para perfumar de alas inolvidables toda tu vida?

¿Qué clase de lirios poblaban tu pecho?

¡Oh andaluz universal! ¡Criatura irrepetible y singular

como pocas! De tu corazón brotaban manantiales de luz:

era un hontanar de júbilo y alborozo el que manaban

de tus sentimientos.

La belleza se entusiasmaba con tus ritmos sureños,

tus hermosas canciones eran himnos inmortales,

llenos de pasión y alma.

Toda tu vida fue un periplo irreprochable

por horizontes de emoción inaudita

y de afectos mayúsculos.

Y al cabo del camino, bardo del sur,

se te rompió el corazón de tanto usarlo.

Porque no te cabía en el pecho.

Porque todo tú eras inmenso, inabarcable,

universal. Porque fuiste ejemplo y modelo

para nosotros.

Porque tardará en nacer, de nuevo,

alguien tan preclaro,

con un corazón tan de veras.

MARIANO JOSÉ DE LARRA

Me embriagué de pleamares y fue inolvidable…

mas, hoy, las ruinas del presente amenazan fracaso.

 

 

 

Te querían silenciar porque padecían de ocasos.

Pretendían acallar todos tus cielos, borrar tus auroras,

porque eras latido hondo y auténtico.

Su ceguera insensible se erigía en canon y medida;

se embriagaban de nostalgias

hasta arribar a insensibilidades crepusculares.

¡Cómo anhelaban estrellas imposibles!

Sus venenos todo lo infeccionaban con purulencias insondables.

Mas tú creías, y ardías de pasión.

Nada en tu hermosura permitía atisbar claroscuros,

pero hasta la rosa más bella tiene espinas…, y a ellos les repelían

tus primaveras, la imagen del mundo que proponías.

Atraías el peligro, y tus luces críticas resplandecían en la soledad

del soliloquio. Ondas universales en el océano de la incomprensión.

Los suburbios del espíritu eran materia de reflexión,

¡qué riqueza de soles! ¡Qué fina y acerada ironía la tuya!

La decadencia era manifiesta, los precipicios se multiplicaban

por doquier y el país se iba al garete irremisiblemente.

Planeaba en tu sien el abandono y la renuncia,

porque el dolor era agudo e intenso,

y la bala que te había de arrebatar la rosa de tu vida

estaba esperando su momento definitivo.

¡Alma libre, corazón ardiente, sentimiento de luz!

Te pudo el sufrimiento lacerante, y en el remanso

de un atardecer finaste con la existencia…

No pudieron contigo, con tu terrible pujanza de ola indómita,

y, hoy, tu música llena nuestros corazones

de profusas emociones…

Y como la belleza, así también, la rosa es efímera.

Por eso, tu periplo fue breve, y de intensidad mayúscula.

Porque el resplandor del sol es máximo

únicamente en el mediodía de la vida.

INOCENCIO X de VELÁZQUEZ

Es el ministro de Dios en la tierra.

Es la prolongación de la deidad en el mundo.

Es el ejecutor divino, el martillo de Dios,

para vivos y muertos…

Sentado y recostado sobre su solio

medita meticulosamente su próximo paso,

cavila y sopesa, y colige inviernos sin final.

Su rostro severo ha de rezumar bondad,

y sin embargo…

Sus cejas encrespadas indican precaución,

es un momento de tensión suprema.

Los ojos atentos, observan y calculan.

La boca cerrada, bajo un leve bigote descabalado,

cancelando toda precipitación.

Todo su ser exhala inseguridad,

incertidumbre… máscase el peligro a su vera.

El pincel del genio sevillano

ha sido cruel esta vez.

¡Troppo vero!, amigo mío.

Es Inocencio X, el papa pío.

Él es tan solo un instrumento del bien en la tierra,

una herramienta para implantar el orden,

un tentáculo de la misericordia infinita.

El tamaño del ego es parte alícuota

entre la humildad y la soberbia.

El sucesor de Pedro tiene las ideas claras,

su obra está en marcha, y se cumplirá definitivamente.